domingo, 20 de mayo de 2012

CAPÍTULO 2.


Sea nuestra fuerza la norma del derecho
2      1Se dijeron, razonando equivocadamente:
La vida es corta y triste, y el trance final del hombre, irremediable;
y no consta de nadie que haya regresado del abismo.
2Nacimos casualmente y luego pasaremos como quien no existió;
nuestro respiro es humo,
y el pensamiento, chispa del corazón que late;
3cuando ésta se apague, el cuerpo se volverá ceniza
y el espíritu se desvanecerá como aire tenue.
4Nuestro nombre caerá en el olvido con el tiempo
y nadie se acordará de nuestras obras;
pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como neblina
acosada por los rayos del sol y abrumada por su calor.
5Nuestra vida es el paso de una sombra,
y nuestro fin, irreversible;
está aplicado el sello, no hay retorno.
6¡Venga!, a disfrutar de los bienes presentes,
a gozar de las cosas con ansia juvenil;
7a llenarnos de mejor vino y de perfumes,
que no se nos escape la flor primaveral;
8ciñámonos coronas de capullos de rosas antes de que se ajen;
9que no quede pradera sin probar nuestra orgía;
dejemos en todas partes recuerdos de nuestra alegría,
porque ésta es nuestra suerte y nuestro sino.
10Atropellemos al justo que es pobre,
no nos apiademos de la viuda
ni respetemos las canas venerables del anciano;
11que sea nuestra fuerza la norma del derecho,
pues lo débil -es claro- no sirve para nada.
12Acechemos al justo, que nos resulta incómodo:
se opone a nuestras acciones,
nos echa en cara las faltas contra la Ley, 
nos reprende las faltas contra la educación que nos dieron;
13declara que conoce a Dios y dice que él es hijo del Señor;
14se ha vuelto acusador de nuestras convicciones,
sólo verlo da grima;
1511eva una vida distinta de los demás y va por un camino aparte;
16nos considera de mala ley
y se aparta de nuestras sendas como si contaminasen;
proclama dichoso el destino del justo
y se gloría de tener por padre a Dios.
17Vamos a ver si es verdad lo que dice:
comprobando cómo es su muerte;
18si el justo ése es hijo de Dios, él lo auxiliará
y lo arrancará de las manos de sus enemigos.
19Lo someteremos a tormentos despiadados,
para apreciar su paciencia y comprobar su temple;
20 lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues dice que hay quien mira por él.
21Así discurren, y se engañan, porque los ciega su maldad;
22no conocen los secretos de Dios, no esperan el premio de la virtud
ni valoran el galardón de una vida intachable.
23Dios creó al hombre para la inmortalidad
y lo hizo imagen de su propio ser;
24pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo
y los de su partido pasarán por ella.

2 Entran en escena los impíos o malvados como grupo compacto y como personaje
típico que representa a muchos. La idea de un juicio organiza el capítulo según el esquema a b c b a.
a) 1 y 21-22: el autor introduce y en marca a sus personajes con un juicio de valor sobre sus palabras, al cual quiere atraer al lector.
b) 3-11 Y 17-20: los malvados proclaman su filosofía de la vida y, según ella, pronuncian su juicio contra el justo, desafiando a Dios. Pero con sus palabras -aguda ironía- se están acusando,
c) 12-16: en su discurso los malvados describen al personaje "central", al justo; tal descripción es en su boca síntesis de los cargos, pues ese justo, con sus palabras y su conducta, se opone y denuncia la filosofía del placer. Por tanto, también el justo emite un juicio y pronuncia una condena; injusta a los ojos de los impíos, y por ella ha de pagar.

La ironía funciona a doble nivel. Los impíos, denunciando la vida del justo, en realidad están tejiendo su elogio y se condenan. Quien condena virtudes, ¿no queda ya condenado? Y así, se encuentran los impíos entre el doble cerco del autor y del justo, entre dos testigos de cargo.
La palabra clave, justicia = derecho, suena en el centro, en un magnífico y terrible verso (11 a), El personaje típico puede representar: al pueblo de Israel entre los paganos (cfr. Is 26,2); a los israelitas fieles entre sus hermanos apostatas (v. 12: ); y a cualquier justo que sufra persecución por la justicia.

En este capítulo se escuchan resonancias de poetas griegos.
2,1 a "Razonando": 1,3.5 "Equivocadamente" :aunque consecuentemente 2,1 b-20 Composición del discurso: brevedad de la vida (1-5); primera consecuencia, [a gozar! (6-9); segunda: oprimiendo a los débiles (10-11); atacando y eliminando al justo (12-20). Estilo: a las oraciones descriptivas en 1-5 sucede una serie torrencial de verbos de acción en primera persona; como si la pluralidad e intensidad de tanta acción pudiera compensar tanta brevedad. Las imágenes se adensan en la primera parte, los términos judiciales en la segunda. En el centro se instaura una nueva ley. Pero, ¿no es un grito desesperado este discurso de tonos victoriosos?, ¿no es un unísono estruendoso con que aturdir una tristeza abismal? El autor ha escrito aquí una página perpetuamente moderna.

2,1 b-5 La vida breve: Job 14; "regresar": cfr. Sal 49,8; Job 10,21; Y en contraste Sal 49,16; 73,23s. 2-3 Nacimiento y muerte son los dos límites de no ser que delimitan y definen la vida. La doctrina del caso tiene sabor epicúreo, pero también el Eclesiastés se expresa de modo semejante (Ecl 1).

2,2-3. La imagen de la hoguera es coherente: el cuerpo es combustible inerte, que vive cuando prende en él la llama de la razón o pensamiento (/ogos), el respiro es el humo de ese incendio. El fuego que da vida, mata, el hombre es una llamarada y el combustible acaba en ceniza. Compárese con Ecl 3,19-21 y 12,7; Sal 104,29.

2,4 Según Ecl 1,11. Eclo defiende la prolongación en el apellido y el recuerdo: 30,4; 39,9. "Como nube": Os 13,3, Job 7,9.

2,5 "Como sombra": Sal 144,4, Job 8,9; 14,12, Ecl 8,13. El sello se aplica para cerrar: una tumba protegida (Mt 27,66), un documento convalidado, cualquier objeto custodiado.

2,6 Según Ecl 2,24; 3,12; 9,7. Contra la inminencia del fin, sólo la juventud sabe gozar a pleno ritmo. Es el carpe díem de los poetas profanos.

2,7-9 Los versos recuerdan la poesía "anacreóntica" .

2,9 Recuerdo anónimo; como invitando a otros anónimos gozadores.

2,10-11 El respeto y la protección de viudas y huérfanos y en general del desvalido es parte esencial de la justicia que predican los profetas y que ha encabezado este libro. El respeto al anciano se manda en Lv 19,32. Véase Miq 2,1. Es doctrina constante que Dios se pone de parte de los débiles.

2,12-16 La descripción se desarrolla en dos series paralelas que desembocan en la filiación - paternidad. En el AT es "hijo de Dios" el pueblo entero o el rey. La tradición cristiana ha aplicado el texto a Jesucristo.

2,12 Esta ley se opone a la que ellos promulgan en el v. 11, Y puede muy bien ser la ley mosaica; en tal caso, por paralelismo, la educación sería la recibida como hijos de Israel.
2,13 Conocimiento que puede incluir familiaridad y puede exigir el cumplimiento de los mandatos: Os 4,1. Aunque país traduce con frecuencia el equivalente hebreo de siervo, el contexto pide aquí traducir por hijo.

2,14 Se entiende "ver su conducta", que es un reproche más fuerte que las palabras.

2,16 "Proclama dichoso": Is 3,10.

2,17-20 La muerte va a ser la prueba definitiva, con apariencias de proceso. En él probará el justo si su confianza es auténtica, si sus palabras salen verdaderas, en él se somete a prueba su Dios. Será "el momento de la verdad". Los paralelos se agolpan: salmos, Is 53; Dn 3,16-18; y del NT: Mt 27, 40.43; Jn 19,7.

2,21-22 Se cierra el marco, y resuena 1,3.5. "Los secretos de Dios": el plan misterioso de Dios acerca del justo y del malvado, como en Sal 73,17.

2,23-24 Por el tema estos dos versos empalman directamente con 1,13-14, "el partido de la muerte". "Para la inmortalidad": como capacidad y destino, vinculado a ser imagen de Dios: Gn 1,26-27. El Dios de la vida comunica vida e inmortalidad a sus imágenes. "Diablo" llama el autor a la serpiente del paraíso (Ap 12,9 Y 20,2) o a la envidia homicida de Caín: véanse Jn 8,44 y Rom 5,12; Heb 2,14. Por todo el contexto se ve que el autor piensa en la muerte definitiva, no en la muerte que da paso a la vida, como es la del justo. 

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